Una ronda de 220 mates

Cualquiera de nosotros tiene una historia para contar con un mate en la mano. Pero cuántas de ellas se ceban al calor de 220 mates, todos juntos. Sí, 220 mates todos juntos. Y no en un almacén o un museo. Están todos dando vueltas al mismo tiempo. Cebándose al mismo tiempo.

Hoy en día el mate es tendencia en redes sociales. Hay tutoriales para cebar el mejor mate, para que la montañita no se derrumbe y especialistas que recomiendan las bondades de una u otra marca de yerba mate. Pero 220 mates a la vez es algo especial.

Hoy conocí un lugar al que concurren 220 personas adultas con discapacidad. Está en las afueras de Paraná, la ciudad que en cada febrero apronta la Fiesta Nacional del Mate.

Entre sus aulas, pasillos, granja, vivero y talleres la mayoría circula con su propio mate. La pandemia dejó esa cualidad solitaria para el mate. Unos a otros se ayudan para llenar el recipiente de agua caliente sin sobresaltos. Es el mate más prudente que se puede conocer.
Fue llegar y ver a Néstor -un alumno de 23 años- con su mate individual…y de a poco la ronda de mate se volvió enorme. El mate no iba de mano en mano pero era igual de compartido. No cumplía las reglas técnicas del buen cebar, no tenía parte de la yerba mate seca ni el agua estaba a 80 grados. Pero era el mate perfecto.

Néstor contó que su papá le dijo que la planta de yerba mate podía llegar a medir hasta 15 metros. Y que cuando es tiempo de cosecha, los trabajadores comen reviro en los yerbales. Además compartió la receta: “En una olla de hierro se pone harina, grasa y huevos. Se revuelve hasta que se convierte en una masa en pedacitos…y se come así, con el mate”. Todos dejaron un ratito el mate autocebante para aplaudirlo.

Después apareció Meli para hacer trap y el mate inspiró su rima. Desde la segunda fila de la ronda y debajo de la capucha del buzo azul, otro de los chicos explicó que están confeccionando yerberas en el taller. Ahí nomás viajamos siglos atrás, hasta los guaraníes, que guardaban la yerba mate tostada, secada y molida en una bolsa hecha de fibras vegetales o cuero. El primer esbozo de las yerberas de hoy.
Algunos contaron que prefieren el mate amargo, otros con burrito o cascaritas de naranja.

De a poco, los mates que parecían individuales a primera vista se hicieron compartidos de corazón.

La charla -como el mate de calabaza- se fue llenando de sueños: conocer Mar del Plata, trabajar en un club de fútbol, ser periodistas, fotógrafos o seguir siendo felices.

Las sonrisas aparecieron como la espuma del mate bien hecho.

El tiempo estaba en la temperatura justa.

Con algunas lágrimas cebaron los recuerdos de los seres queridos que ya no están.

Los mates empezaban a lavarse de tanta charla. En esa ronda no hubo síndromes, ni edades, ni diferencias, ni obstáculos. Simplemente 220 personas extraordinarias bebiendo los sorbos de cada vida detrás de esas miradas y esos mates.