Julio Federik nació en Paraná, Entre Ríos, el 17 de junio de 1949. Fue escritor, abogado, docente y convencional constituyente.
Este 19 de mayo su vida marca un punto final, aunque su variada obra y búsqueda de justicia lo convierten en suspensivos.
Federik participó en la reforma del Código Procesal Penal de Entre Ríos y formó parte de la investigación del atentado a la AMIA.
Su obra poética se concentra en “Entre ríos y la vida” y su producción literaria trascendió el formato impreso, al punto de haberse convertido en testimonio musical de paisajes y río, gente y sentir.
«Tener que pedir permiso para juntarse a tomar mate es un disparate», había dicho hace tiempo ante un proyecto de ley que exigía avisar cuando las personas se reunían.
Aquí, a modo de despedida, una de sus tantas obras, donde la pava abollada y el mate alivian la misión del pescador.
GENTE
Madera de palo grueso con cinco lustros de lucha
Las bandas recién pintadas y un rumbo calafateao
Madera de palo grueso con cinco lustros de lucha
una cadena en la proa que apenas brilla en la punta
y un par de remos dispuestos a cruzar un temporal.
Un tarrito para achique y otro grande, el del pescado
Dos tablas horizontales para sentarse no más
Un asiento hay en la popa por si alguien necesitara
Y un cuchillo pa las chuzas y para despanzurrar.
Dos brazos pa hacer palanca con remos madera dura
La carnada, por las dudas no encuentren ninguna más.
Por´ai una pava vieja, con ollines y abollones
Una cebadura nueva y un mate para aliviar.
Una tricota de lana que deja afuera los brazos
El sombrerito que abriga pero que lo hace sudar
Las botas de goma gruesa que ya zurció con alambre
Y el cinturón de cuerina que siempre debe ajustar.
Por ahí algunos le dicen que el espinel está cerca
Del canal por donde pasan los empujes y las chatas
Y que le queda más lejos, para volver apurao
Pero es difícil que cambie y nada da qué pensar.
El río tensa el alambre que está prendido en el lecho
Hay cemento en una rueda o una piedra nada más
Y en el alambre las tanzas van hundiendo los anzuelos
Y el encarnado que a veces, apenas resultará.
El madrugón no lo achica ni lo detiene la lluvia
El viento fuerte tampoco le quita su voluntad
Y hay días que la tormenta lo invita a juntar coraje
Y le discute a las olas cómo se monta un bagual
El rostro tiene los soles mezclados con madrugones
y en el pelo hay escondida alguna escarcha, no más
y como un hombre de rio aprendió el valor que tiene
en este mundo del agua la mano que ha de brindar.
