Un equipo de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Córdoba demostró que la ingesta de infusiones de yerba mate no compromete la composición nutricional y de defensa de la leche humana. Y además, resulta útil como una fuente relevante de polifenoles bioactivos.
El consumo de infusiones de yerba mate (Ilex paraguariensis) –ya sea en forma de mate cebado o como mate cocido– suele estar condicionado, en ocasiones, por mitos y supuestos sobre sus potenciales beneficios o riesgos para la salud humana.
En algunos casos, estas presunciones carecen de soporte científico. Es lo que ocurre, por ejemplo, con la lactancia materna. Para salvar ese vacío de información validada, un equipo del Instituto de Investigaciones en Ciencias de la Salud (Inicsa – UNC/Conicet) indagó cómo impacta el consumo de yerba mate tanto en el estado nutricional de la mujer durante el puerperio, como en la composición de su leche.
La elección de esa etapa no es casual. “Se trata de un momento muy particular de las mujeres, cuando se encuentran sujetas o interpeladas por mucha presión del ambiente laboral, social o sanitario. Muchas veces, el mate es un recurso para socializar, una costumbre”, explica Valentina Cortez, una de las autoras del estudio.
El trabajo, realizado entre 2013 y 2020, contó con la participación de 279 mujeres lactantes adultas de Córdoba (Argentina), que transitaban los primeros seis meses posparto. Cada una de ellas otorgó una muestra de 10 mililitros de leche, que fueron sometidos a un estudio bioquímico, a través del cual se analizaron numerosos biomarcadores.
Hallaron que tanto el mate cebado como el mate cocido aportaron una mediana de 382.21 mg/día de polifenoles, compuestos procedentes de los vegetales y reconocidos por sus propiedades promotoras de la salud: tiene efectos antioxidantes y neuroprotectores. En los casos indagados, más del 35% de la ingesta diaria de estos agentes fue provista por el mate.
“De los 18 polifenoles detectados –todos beneficiosos para la salud–, 15 fueron ácidos hidroxicinámicos –en su mayoría sustancias antioxidantes– y tres flavonoides, pigmentos procedentes de los vegetales y que protegen al organismo de agentes oxidantes, además de actuar como antiinflamatorios naturales”, apuntan desde el equipo.
“Respecto a los macronutrientes lácteos, las proteínas, la glucosa, los triglicéridos y el colesterol no fueron afectados por el consumo de mate. Del mismo modo, su ingesta no mostró inducción de estrés oxidativo en la leche humana”, completan.
Según el grupo de investigación, además de proveer ciertos nutrientes, el mate es una fuente importante de fitoquímicos. Más aún, un aporte diario de casi 500 mg de polifenoles sería suficiente para tener efectos sobre la salud por sí solo, independientemente de otros alimentos y bebidas dependientes de su acción individual y conjunta derivada de la sumatoria de bioactividades.
A partir de los resultados de la investigación, el grupo propone que la ingesta de infusiones de yerba mate –caracterizada por el alto consumo de mate cebado y condicionada por lo social y lo reproductivo– es una práctica alimentaria segura. No compromete la composición de la leche humana en sus aspectos nutricionales, defensivos y enzimáticos, y además resulta potencialmente útil como una fuente relevante de polifenoles bioactivos.
EL MATE ¿HIDRATA?
Otros estudios científicos ponen luz sobre el poder de hidratación del mate.
La evidencia actual indica que el mate sí contribuye a la hidratación diaria, especialmente cuando forma parte de un consumo habitual y moderado. Al estar compuesto mayoritariamente por agua, suma líquido al balance hídrico total del día. Una solución a la sensación de sed al amamantar.
Sin embargo, aunque el mate hidrata, los especialistas coinciden en que no debe reemplazar completamente al agua. El agua sigue siendo la mejor opción para cubrir las necesidades básicas de hidratación, especialmente durante el ejercicio, en días de mucho calor o ante cuadros febriles.

